La boda de Carolina y Víctor en la finca Torreón de Don Jacinto

Víctor y yo nos conocimos cuando él empezaba la universidad y yo estaba en el último curso de bachillerato (teníamos 18 y 17 años), a través de un amigo en común. Encajamos desde el principio, y tenemos muchos gustos afines, entre ellos la música (tocamos varios instrumentos y nos pasábamos las tardes en el parque, con las guitarras).  Diez años después, en julio de 2018, dimos un paso más. En nuestro segundo viaje a Nueva York (habíamos ido un año antes y nos enamoró tanto que tuvimos que volver…), Víctor me pidió que me casara con él, en lo que es para mí la pedida más bonita del mundo. Fuimos por la mañana a uno de nuestros rincones favoritos de la ciudad con vistas al skyline de Manhattan. Allí, rodilla en tierra y anillo en mano, me pidió que me casara con él. Por supuesto, le dije que sí, y me contestó: “Aquí no acaba todo. Este no es tu anillo verdadero. Hoy tenemos una cita en Tiffany &Co. de la 5ª Avenida para que elijas tú el anillo que quieras”. Había comprado un anillo en una joyería en Madrid para que “diese el pego”, porque no quería pedirme que me casara con él sin ningún anillo, y llevaba meses preparando la jugada y hablando con la asesora con la que nos reunimos esa tarde en Tiffany. Allí elegí el que es hoy mi anillo de compromiso, sintiéndome la chica más especial del planeta.

 

LA NOVIA 

 

Tenía claro que mi vestido tenía que ser sencillo, elegante, pero con ese “algo especial” que le diera el toque que marcarse la diferencia. Quería sentirme “muy yo”, no disfrazarme. En cuanto puse un pie en el atelier de Valenzuela, supe que harían el vestido de mis sueños. Son lo más, y el trato es increíble. Quería una espalda que llamase la atención y nos decantamos por una espalda abierta plagada de detalles de encaje, pero delicado, sin perder la sencillez y las líneas puras que quería llevar. Decidimos que mi vestido
tendría dos fases: para la ceremonia y cóctel, sería un vestido más formal, con manga francesa y sobrecola, y para la cena y baile las mangas y la sobrecola se quitarían, quedando un vestido totalmente diferente, más ligero y con el que podría bailar cómodamente toda la noche. Diseñé los zapatos en UniqShoes en color burdeos (uno de los colores principales de la boda). Sandro Nonna Nos maquilló y peinó tanto a mi madre como a mí para la boda. Finalmente me decidí por una coleta alta con ondas… el maquillaje fue natural, marcando un poco más los ojos, pero sin que destacara mucho, ya que no quería verme rara y no suelo ir excesivamente maquillada a diario. María, de Flores en el Columpio, fue la encargada de hacer mi ramo. Es un  ramo preservado precioso, un poco más grande de lo habitual (quería que llamase la atención), con tonos neutros y por supuesto, con burdeos. La cinta que lo ataba era granate en terciopelo. Como “mi algo azul”, el ramo tenía una hortensia escondida Azul Klein. Llevé los pendientes asimétricos “Palma” de M de Paulet, en dorado.

 

EL NOVIO

 

Víctor, mi padre (Padrino), mi suegro y mi cuñado se hicieron los trajes y camisas a medida en Tom Black y la verdad es que les gustó mucho. Iban  guapísimos y elegantísimos. El forro de su traje Víctor decidió hacerlo con estampado de calaveras Catrinas,
en honor a su espíritu rockero. Mi regalo de pedida fue un reloj Tag Heuer, que llevó el día de la boda. Combinó su traje con tirantes Scalpers y corbata Burberry. 

 

EL LUGAR Y LA DECO.

Nos casamos en la Finca Torreón de Don Jacinto. Nos encandiló nada más verla. Es una finca en la que hay un gran caserón de piedra, la antigua casa de Jacinto Benavente, que al estar en terreno elevado tiene unas vistas espectaculares de Madrid, que se aprovechan para ver atardecer en el cóctel. Tiene mil rincones bonitos y la intimidad de estar alejada de la ciudad le da un encanto increíble. El estilo general de la decoración era silvestre y elegante, con un toque rústico. Tenía detalles de madera envejecida, verde apagado que daba la decoración floral (eucalipto, olivo…), flores pequeñas silvestres (limonium, paniculata, flor de cera, solidago, manzanilla…), capazos de mimbre, regaderas y lecheras de latón… Septiembre nos regaló un fantástico y soleado día , así que realizamos ceremonia al aire libre, en una zona preciosa de la finca, bajo un gran árbol y frente al caserío de piedra, que le daba un aspecto de cuento absoluto! El altar lo hacía una mesa forja y madera envejecida. Pusimos mucha decoración floral, con eucalipto, paniculata y limonium (flores de la invitación).El catering así como la decoración corrieron a cargo de Catering Cotorredondo. Allí, Neoluz se ocupó de la iluminación  de la carpa a modo «cielo de estrellas» y Dosaune Audiovisuales pusieron la música en la fiesta.

 

LOS DETALLES Y ANÉCDOTAS

Queríamos que el seating fuera grande, que formase parte de la decoración. Era rústico, con madera, gallineros, eucalipto… Las tarjetas del seating las diseñamos nosotros, y era un tanto peculiar: contaba nuestra historia "por capítulos", por orden temporal y haciendo algún guiño a las personas de las mesas a la que le había tocado el capítulo (no veas qué entretenido estuvo cuadrarlo…jeje). Así, las mesas no eran mesa 1, mesa 2… si no capítulo 1, capítulo 2…hasta las 15 que teníamos. Era por capítulos por una serie que nos encanta: Friends.

Diseñamos una pulsera personalizada tipo “festival”, que se encontrarían los invitados a su llegada al banquete, en su sitio. Las colocamos en una tarjetita a juego con el resto de la papelería, en la que ponía: “Pulseras para invitados VIP. ¡Póntela y disfruta de la fiesta! Gracias por acompañarnos. #CyVseCasan”.

Desde hacía muchísimo tiempo me encantaba una artista de Madrid, Kailua, que hace diseños en acuarela con la foto que le mandes. Queríamos salirnos del ramo de novia a las madres, así que decidimos hacer un regalo conjunto a nuestros padres: dos láminas enmarcadas de Kailúa personalizadas, con fotos de sus respectivas bodas, y una réplica preservada de mi ramo de novia.

Para abrir el baile, Vic y yo primero bailamos un Vals, con la canción “Married Life”, de la peli de Up (que nos encanta). Y aunque juramos y perjuramos que no bailaríamos nada más, los últimos meses nos preparamos una canción más rápida, para reírnos un ratito…

 

FOTOGRAFÍA Y VÍDEO 

Setroimagen se encargó del reportaje fotográfico y Blanco Infinito del vídeo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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