La boda de Macarena y Alberto en el Cortijo de Navalobos

La Aventura del vestido de novia comenzó un año antes de la boda de ruta con mi madre, Inmaculada, visitando diseñadores y firmas de todos los estilos y categorías. A más veíamos más lío teníamos pero Sara de Impúribus dejó huella en nosotras desde el minuto de estar con ella, bendita amiga mía Carla Valladares, wedding planner, que me recomendó que fuera a verla.

A partir de ahí comenzó una de las mejores experiencias de la boda, la creación del vestido y todos los quebraderos de cabeza que se nos planteaban cada vez que visitábamos a Sara y avanzábamos con la creación: centímetro aquí, costura allá, crep por allí, camafeos sí, encaje no… nos hicimos todo un master en terminología textil y de costura pero teniendo a Sara como diseñadora se hacía fácil y por supuesto contando con las cervecitas de brainstorming tras cada visita. No cambiaría por nada ninguno de los segundos que compartimos debatiendo, incluso discutiendo, sobre los detalles del vestido, son momentos que atesoro como una de las fases más especiales de toda esta Aventura de la boda.

Mi maravillosa peluquera Ana, de Farmarosa de Pozoblanco, a la primera dio en el clavo y con una coleta que llamamos entre nosotras casual me conquistó. Con Elia, la genial maquilladora también de Farmarosa, hicimos algunas pruebas para hacer un maquillaje como el que yo me hago a diario pero bien. Fue el artista Moisés, de Ego Arte y Diseño de Pozoblanco, el creador del silvestre ramo de novia de mis sueños

 

Nada hubiera sido lo mismo sin mis “De 10”, 9 amigas mías del alma nos acompañaron a cada segundo de este día, viviendo con toda intensidad la felicidad que Alberto y yo experimentábamos, lo dieron todo, simplemente me lo dieron todo, jamás podré agradecérselo suficiente.Todas ellas seleccionaron una preciosa tela frambuesa y cada una a estilo se hizo diseño con el que quedaron espectaculares, a cada cual más guapo. Quise agradecerles todo lo que han hecho por mí a lo largo de este año de preparativos regalándoles por la mañana antes de que empezara todo una pulsera con la grabación “De 10” sobre el símbolo del infinito y una carta con palabras que me gustaría que siempre llevaran con ellas cada una de ellas.

 

        

 

 

Nos casamos en La Capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Pozoblanco, Córdoba, a los pies de la imagen más antigua de Jesús del pueblo a la que me encuentro muy unida tras haber procesionado con ella y haber sido testigo de años de mi padre y de mi hermano como costaleros.No podíamos unirnos en sagrado matrimonio en ningún sitio más familiar y acogedor. Yo llegué en el coche de mi padre conducido por uno de mis los tíos que ha ayudado a criarme, mi tío Mario, y Alberto en el coche de uno de sus primos mayores.

Pudimos disfrutar de de un cuarteto formado por amigos míos de toda la vida que amenizaron la ceremonia con un toque aflamencado y que nos brindaron el lujo de uno de los momentos más emocionantes a la salida de la iglesia cantándonos “Todos los besos”, canción de los Rebujitos con la comparsa de tarifa, y canción con la que Alberto me pidió la mano, se nota que me gusta ¿no?

 

 

 

       

 

Siempre tuvimos claro que queríamos hacer una boda muy adaptada a la tierra, el Valle de Los Pedroches, y tras visitar diferentes emplazamientos para la celebración, nos enamoramos del Cortijo Navalobos, para nosotros recogía la fotografía más bonita del Valle, enclave de dehesa y cortijo de granito. Igualmente la elección de menú, producto de la tierra, lo que viene a ser exquisito cerdo ibérico en todas sus variedades bajo recetas tradicionales y cocina muy casera.

 

El cocktail fue nuestro capricho, lo alargamos un poquito más de lo habitual y lo amenizamos con la maravillosa banda Old Dixieland, unos chicos de ciudad real, que hicieron realidad mi sueño de vivir un cocktail con sabor de años 20, sin duda alguna fue la mejor decisión que jamás pudimos tomar y todos los invitados quedaron encantados.

 

 

 

 

                                                        

 

Nuestra fotógrafa, Gloria Byler, nos ha dejado simplemente impresionados y con las expectativas sobrepasadas, desde la sesión de fotos de preboda pudimos sentir esa especial conexión que hemos disfrutado a lo largo de toda la experiencia, a partir de ese punto sabíamos que habíamos dado con la mejor profesional para recoger los momentos inolvidables de nuestra boda, ha sido todo un lujo poder contar con ella y con su discreción a la hora de hacer fotos a personas que no nos gusta demasiado estar delante de una cámara.

 

Por otro lado, nuestro videógrafo fue Rafael Crespín de Córdoba, no fue fácil encontrar a un profesional que nos entendiera desde primera hora lo que esperábamos de los recuerdos en vídeo, y Rafa lo hizo a la primera. Humano, natural, detallista, creativo… Rafa consigue sacarte sentimientos y emociones que luego refleja en sus tomas pero sin forzar ninguna situación, él está, espera y capta justo el momento, estamos deseando ver el resultado final del vídeo, pero los adelantos que compartimos durante el convite con  todos los invitados fueron emocionantes.

 

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