La boda de Pilar y Aitor en Masía San Antonio de Poyo

Aitor (el novio) y Pilar (osea, yo) nacimos en años distintos pero crecimos en el mismo barrio. Él era fallero desde nacer, yo aterrice en la falla con 12 añitos. Desde el principio comenzamos a ser amigos e incluso solíamos ser pareja artística. El teatro que montábamos cada sábado en la falla nos llevó a ser Tomas y Manolo (martes y trece), también hicimos musicales como Mecano, donde eramos Mario y María respectivamente, High School Musical donde interpretábamos a los repelentes hermanos Sharpay y Ryan Evans, hasta el estallido de nuestros corazones que tuvo lugar hará unos 5 años cuando hicimos el musical del rey león y el y yo interpretábamos a Simba y Nala. 
No me puede gustar más esta historia de amor; y la verdad es que la pedida no es menos impresionante. Formentera fue el lugar elegido por Aitor: una noche en el Faro de Cap de Barberia, con el mar en calma y la luna reflejándose en las olas… así, él le hizo la gran pregunta. ¡Y ella dijo sí!
Se enamoraron a primera vista de la masía San Antonio de Poyo y decidieron poner la fecha un 04 de noviembre. Siempre les gustó Catering Cinco, y querían un espacio en el que ellos pudieran

Para su gran día, Pilar confió en la profesionalidad del diseñador nupcial Alejandro Resta, todo un descubrimiento para mi. Entre los dos diseñaron en el vestido de Pilar. El tocado fue obra de una amiga íntima de la novia, y los zapatos eran unos clásico Saló Madrid, con lazo y en terciopelo rosa. El maquillaje de la novia fue obra de Marta Parra y su recogido de Ros&May, una peluquería de Benimaclet.

Por su parte, Aitor confió en la Sastrería Foraster para su traje. Su pajarita era de Sagrado Design y su «algo prestado» un reloj de su tío abuelo.
Sus invitaciones fueron obra de Sr. Gil; un diseño que utilizaron para los detalles de los invitados, el seatingplan y las minutas. La pareja se encargó de preparar todos los pequeños detalles: cartelería, conos para el arroz, photocall, hasta los centros de mesa. Nuestros padres, tanto los suyos como los míos son manchegos (entre el pueblo de su madre y el de mis padres hay apenas 20 km) así que recogimos piezas chulas del pueblo y las usamos como deco en la boda (medidas de grano, bucaros de matazón, alfombras de esparto, sillas antiguas…). El photocall queríamos que fuera un guiño a las raíces e ideamos una fachada de una casa típica manchega. 
La decoración floral de la boda corrió a cargo de María, dueña de Flores para Novia; así como el ramo de la novia. Este tenía un toque otoñal, como las dos réplicas que se hicieron para dos parejas, amigos de los novios.
En cuanto a la ceremonia civil:
Sabíamos que podíamos hacerlo a nuestro gusto totalmente sin necesidad de que fuera muy informal ni muy serio, contamos con Carlos, esa persona con carisma que todo el mundo adora y con un sentido del humor y responsabilidad brillante.  Además fuimos nosotros los que abrimos la ceremonia para agradecer a todos la compañía y presentar a Carlos. Él quedó con nosotros para preguntarnos íntimamente que habíamos sentido por el otro durante nuestras vidas y cuando nos estalló la patata a cada uno por el otro. Incluso innovó en el momento de las «arras» que lo transformó en un recipiente donde Aitor y yo íbamos mezclando piedras y arena que simbolizaban personas y vínculos de nuestras vidas que pasaban a ser uno, incluso un representante de cada grupo de amigos desfiló con una piedra hasta meterla en el recipiente en señal de unión en nuestras vidas (creo que lloró hasta el metre).Fue la ceremonia más bonita jamas imaginada, todo esto reforzado por un trío de Arpa, violín y soprano (Úrsula Segarra).
Los fotógrafos y videógrafos fueron el equipo de Lazaro Aznar. Las fotos del photocall las hizo Patricia García fotografía. Para el sonido y discomóvil contaron con Audioprobe, y como colofón, Aitor quiso sorprender a los invitados con un saxofonista en directo.
  
 
   
  
 
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