La boda de Isabel y Jose Manuel en un pueblo medieval del Pirineo

Isabel y Jose Manuel se casaron el año pasado en la provincia de Huesca, en un precioso pueblo medieval llamado Aínsa. El lugar está en el corazón del Pirineo Aragonés  y ha sido declarado unos de los veinticinco pueblos más bonitos de España. ¡Una maravilla!  Para su gran día, Isabel se inspiró en uno de los bocetos que hizo de su vestido soñado durante la carrera, en medio de los apuntes de una asignatura. La diseñadora Martha Peters mostró a la novia una de las faldas de su colección, acorde con la idea del vestido de la novia. Esta falda estaba hecha con tela de mikado y organza de seda rústica. La novia quería que los complementos tuvieran un tono predominante junto con el de las damas de honor, el rosa palo. Los zapatos, del mismo color, eran de Massimo Dutti, de tacón cuadrado y una fina hebilla. El tocado sirvió a modo de corona en el momento de la entrada a la iglesia para levantar el velo sobre el rostro. A la salida de la iglesia se giró y se dispuso a modo de tocado. Estaba hecho de flores naturales secas por la floristería Luna D’herreiz.  El ramo de Isabel mezclaba rosas, flor de arroz, paniculata y eucalipto.

En cuanto a su estilismo, Eva Pellejero se encargó de su maquillaje y su peluquería. Un recogido bajo con algo de volumen, resultó perfecto para sujetar su velo junto a la corona. Después de la ceremonia, se retiró el velo  y para el baile el recogido se convirtió en un semi.

El novio buscaba algo clásico, elegante pero a la vez juvenil. Confió en una de las sastrerías más tradicionales de Zaragoza, LJM,  donde hicieron a medida el chaqué que llevaría y que combinaría con tonos grises, incluyendo la corbata. Los zapatos fueron unos clásicos Yanko. También llevo unos gemelos de oro vintage que le regaló la novia en la pedida de mano,  de la joyería anticuaria zaragozana García Hnos.

Las pequeñas que acompañaron a la novia llevaban un  vestido de tul de color rosa nude, con fruncidos en la parte superior y con caída; sencillo y acorde al estilo de la boda. Se combinó con unas manoletinas de estilo bailarina en el mismo tono, también de Mango kids, y un cinturón de flores que compró la madre de la novia para cada una, para darle ese toque rústico que tenía la boda. Además, llevaron pequeñas cestas llenas de paniculata blanca y el pelo trenzado. Los pequeños llevaron pantalón Primark, camisa de cuellos mao y unos mocasines. Por último, llevaron un sombrerito de paja para dale un toque más campestre.

Esa mañana, la novia salió de la casa familiar del brazo de su padre, precedida del precioso cortejo de niños y apenas tuvo que recorrer cincuenta metros para llegar a la iglesia. Allí, ya se oía el cuarteto de cuerda que les esperaba en la ceremonia. La misa se celebró en la austera e imponente Iglesia románica de Santa María de Ainsa. Luna d’Herreiz se encargó de la decoración floral utilizando tonos blancos y verdes; siguiendo la estética rústica se colocaron unas cestas en las escaleras con hortensias blancas, paniculata blanca y ramas de olivo.  A la salida de la iglesia dispusieron dos grandes cestos antiguos con ramas verdes (olivo, helecho…) a cada lado del pórtico y a modo de camino, en el exterior, dos filas paralelas de ramas y siemprevivas.

 

 

 

     

Nuestra ilusión era personalizar al máximo la boda, e incorporar detalles y antigüedades familiares, trozos de nuestra propia biografía. Tenemos la suerte de tener una gran colección de objetos antiguos.Por ello, todo el material de la boda era nuestro: los candelabros, calderos de cobre para arreglos florales, cerámicas  antiguas y demás objetos  que  adornaban el patio  de la casa de la novia, las cestas de mimbre antiguas, la colección de  centros de mesa del banquete, de estilo art deco que se utilizaron para los arreglos florales de las mesas del catering, la colección de cafeteras y teteras antiguas de porcelana, que adornaban para el Candy bar, las dulceras  y botes de cristal utilizados para el Candy bar, libros antiguos, violín para bodegón, cuadro al óleo para el setting plan, composición de ventanas antiguas para el photo call, percheros de pie y sombrereros , caballetes, máquinas de escribir , reloj, bolas del mundo, pizarras….

Tras la ceremonia, novios e invitados se dirigieron al Monasterio de Boltaña. El jardín, donde se realizó el aperitivo, se abría al pirineo. La novia y su madre , grandes aficionadas a la decoración, prepararon durante meses con mimo los detalles, y el diseño del ambiente de las distintas zonas…..Ese día, eso sí, para el montaje y disposición de los detalles en la zona de  banquete y baile,  contaron con el decorador Félix Bernal para que dispusiera el material en la zona del banquete y el baile  .

Toda la papelería de la boda pasó por manos de los fantásticos diseñadores gráficos Ana y Sergio de Bogart & Bacall The Wedding Shop. Incluso las fotografías del fotomatón que se usó en el momento del baile tenían el logo diseñado por B&B The Wedding Shop y la cenefa de flores dibujada por la novia con acuarela. Las mesas no sólo tenían número sino nombre propio, estaban individualizadas  con nombres de pueblos del Pirineo . La afición de la novia por la pintura hizo que dedicara a cada mesa, para personalizarlas,  el nombre de un pueblo del pirineo y un dibujo en acuarela de su correspondiente iglesia. Eran todos ellos pueblos significativos para los novios y para sus familias.

El regalo para los invitados fue una llave que simulaba las llaves antiguas, que podía utilizarse como abrebotellas  y ponerse como llavero. De cada llave colgaba un cartelito que decía “El amor es la LLAVE de la felicidad”. En la zona del baile, había un gran reloj con un cartel que decía “Es HORA de ser feliz”…​​​​​​ La zona del libro de firmas, se complementó con una maquina de escribir portátil de hace 150 años, y un plumín. El photocall junto a la zona de baile   se completó con un pequeño perchero antiguo de juguete y sombrereros llenas de divertidos sombreros  y accesorios que nos permitieron hacer  unas fotos deliciosas. El fotomatón (de The Patata Booth) fue un éxito rotundo entre los invitados, que disfrutaron haciéndose fotos durante todo el baile.

Todo el reportaje fotográfico fue obra de Studio Wild Horses

           

 

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