Cuando fuí LA NOVIA

Hace menos de 24h que pisé España pero estaba deseando escribiros. Quiero contaros como viví mi GRAN DÍA, que fue lo que sentí y como reaccioné a todo.

No me gustaría que sonara a topicazo, pero sin duda fue el día más increíble de mi vida. ¡QUÉ BODA!…no ha pasado un solo día de la luna de miel sin que Fer haya oído esa frase…¡qué boda! Me hace muy feliz deciros que todas las horas que invertí, junto a mi madre, en preparar la boda merecieron la pena. 

Todo empezó con la noche del viernes…que sinceramente no ayudó mucho con los nervios. En primer lugar, cayó la tormenta que esperábamos desde hace días, la llamada gota fría se presenció a eso de las 20h y duró bastantes horas. Yo tenía una cena con un grupo familiar, la mayoría venidos desde fuera de Valencia e incluso de España para la boda. Recuerdo que a muchos de ellos ya les pilló la lluvia por el camino por lo que fueron llegando de manera escalonada y por supuesto, todos con la misma reacción conmigo “Qué poco te queda!”, “¿Estás nerviosa?”… Al principio de la noche mi mente no estaba nerviosa, pero el diluvio no me ayudó mucho, me empecé a preocupar y desde luego no probé bocado de la cena. Muchas amigas, también nerviosas ante el tiempo, me mandaron Whatsapps para desearme suerte y asegurarme que al día siguiente brillaría el sol. Intentamos no acabar tarde pero uno de los coches se averió a nuestra vuelta lo que nos retraso un poco…Enfin, pequeños inconvenientes que, como dijo mi padre, surgían para que al día siguiente todo fuera rodado. Y así fue.

El sábado me desperté bastante temprano, sobre las 7.30. Algunas amigas me han preguntado si me costó dormir esa noche. Pues, por un lado mi mente no paraba de pensar en el día siguiente pero esa semana había sido tan completa y aterradora que acabé cerrando los ojos en una media hora.
Como decía, el sábado amanecí pronto, con un cielo totalmente despejado que me alegró muchísimo. Preparé con ilusión todos mis accesorios y me metí en la ducha. En poco tiempo teníamos a la peluquera y a la maquilladora en casa, seguidos de los fotógrafos. Todo fue muy rodado, mi madre, mi hermana y yo pasamos por las manos de las dos profesionales en un tiempo récord. Yo me sentía feliz, iba brincando por mi casa con una bonita bata blanca que me regaló mi madre; todavía no había nervios ni histeria. 
Hacerme las fotos vestida de novia resultó muy divertido, lo que había visto ya en tantos blogs y reportajes lo estaba viviendo yo y me dí cuenta de que todo es mucho menos espontáneo de lo que parece;) Los fotógrafos siempre te van indicando como ponerte, qué hacer con los accesorios…etc pero bueno…resultó emocionante ese momento.



La salida de casa fue a la hora acordada, un primer coche había salido ya y yo iba en un Audi Blanco junto a mi padre, mi primo y el fotógrafo. Mis nervios comenzaron cuando ví que nos acercábamos a la iglesia. Pasamos por delante una primera vez y fuí viendo a ciertos invitados charlando en la puerta lo que me puso más nerviosa. Dimos una vuelta a la manzana, lo que dió tiempo a los últimos invitados a entrar y al novio de prepararse para su entrada también. Yo quería que todos los invitados estuvieran dentro y que al salir yo del coche F. estuviera entrando, y así se hizo.

Cuando bajé del coche, ante la mirada de varios peatones que se quedaron a ver a “la novia” pasar, ya sentía mi corazón latir bastante fuerte. Oía al coro cantando la canción con la que entraba el novio. Mi hermana me esperaba para colocarme la cola. Me cogí fuerte a mi padre que me ya me veía con los nervios a flor de piel y me iba diciendo frases para tranquilizarme. Nos fuímos acercando a la puerta de la iglesia, yo sentía que me iba costar hasta caminar. Le pedí que me sujetara fuerte y en cuanto empecé a oir al coro cantar mi canción, entramos.
Nada más poner un pie en la iglesia, me empezaron a brotar unas lágrimas que no me esperaba; aún así sonreía, porque os aseguro que al ver a tantísima gente que quieres ahí, no puedes hacer otra cosa. Yo no soy una persona muy llorona; suelo llorar más de risa o de alegría que de tristeza pero ese día las fuertes emociones me hicieron sonreir y llorar a la vez. Me daba la sensación de que las lágrimas salían solas porque yo no tenía ganas de llorar, que era una reacción completamente refleja de mis sentimientos.
 Fer me estaba esperando en el altar, yo lo veía y solo deseaba llegar hasta ahí para sentirme más segura. Y  de verdad, en cuanto él me cogió la mano para acompañarme a mi sitio me sentí mucho más tranquila. Sequé mis lágrimas y empecé a mirar a mi alrededor poco a poco, porque os aseguro que el día que entréis a vuestra ceremonia, no os fijaréis ni en las flores, ni en los detalles. Ví al coro a mi izquierda, todos tan guapos y tan sonrientes, emocionados de vernos a Fer y a mi. 
La celebración fue, aunque quede imparcial que yo lo diga, muy bonita. No se alargó demasiado; el sacerdote hizo una homilia muy breve pero muy personal; sé que su mensaje llegó a muchos invitados. El coro estuvo INCREÍBLE, disfruté todas y cada una de las canciones que yo misma había elegido y antes cantado con ellos. 
Durante la ceremonia no puede evitar emocionarme varias veces, por ejemplo antes de finalizar Fer y yo leímos una carta de agradecimiento con la que realmente me daba cuenta de la gran suerte que teníamos de tener a tantas personas ahí.

Una vez pasó la ceremonia, nos olvidamos de los nervios y de la tensión. Fer y yo nos fuimos solos a la masía, él al volante, porque era lo que le hacía ilusión. Durante el cóctel, me encantó mezclarme entre los invitados, ir saludando a todos personalmente, fijarme bien en sus modelitos (que todavía no había tenido oportunidad), hacernos algunas fotos con los invitados y sin ellos. Brillaba un sol increíble y todos recibieron la comida y la bebida bajo la sombra de una arboleda preciosa.

La entrada al salón también fue muy emocionante; elegimos una canción que a Fer le encanta, bastante animada y yo entré brincando y agitando mi precioso ramo siguiendo al novio. Durante la comida, me encantó entregar ramos  a nuestras hermanas y a un par de amigas que lo recibieron con muchísima alegría; también cortamos la tarta y para acabar el coro nos había preparado un sorpresa: un Medley con canciones de disney, con letras personalizadas. De repente se levantaron todos cantando “El ciclo sin fin” del rey león continuando con “Un mundo ideal”, “Supercalifragilistico”, “No importa la distancia”, “Bajo del mar”… Evidentemente, darme cuenta de las horas de preparación que habían empleado para nosotros, fue algo que me emocionó…debía llorar como 5 veces por lo menos durante la pequeña representación. Para cerrar el banquete, les pedí cantar con ellos y ofrecí una canción a todos nuestros invitados.
Gracias al maravilloso tiempo, pudimos hacer la fiesta al aire libre. empezamos con el baile de novios al son de Michael Bubblé. Después bailé también con mi padre…fue tan bonito…
De la fiesta, no tengo mucho que contaros…todo fue disfrutar. Bailé, brinqué, me hice fotos con todos los que pude; photocall, chocolate bar, resopón, la macarena…Lo mejor era el ambiente que se respiraba, estoy seguro de que todo el mundo disfrutó muchísimo, la temperatura era perfecta, la gente no paró de bailar hasta las 01h de la mañana. Pareció que casi siete horas de baile se pasaran como una sola. Notaba a mis amigas emocionadas por mi, a los amigos de mis padres conmovidos, todo el mundo estaba allí por nosotros y para nosotros. Ese es el mayor regalo para los novios, eso es lo que os hará sonreír durante todo el día. 

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